¿Sin remitente puede haber …“DISPAROS DE VERDAD”?

En 1995-6 comenzó a operar en México una nueva teledifusora.  Se decía que se transmitía desde Miami, pero nadie sabía a ciencia cierta de dónde provenía la señal.  La programación era interesante, y estaba compuesta principalmente por noticias y documentales.  La publicidad prometía difundir sólo la verdad a una nación que tenía hambre de ella.  Y pese a esto, sus noticieros (telediarios) ni siquiera mencionaron la multitudinaria megamanifestación nacional (con réplicas masivas simultáneas en las principales ciudades del país), que repudiaba los acuerdos firmados por la delegación mexicana en una conferencia mundial de población.  Este tipo de incongruencias se da todos los días y en todos los medios –internet incluido–; y el lector experto las emplea para filtrar la información que le va llegando, y para descubrir (a pesar de las agendas políticas, ideológicas y económicas) la verdad –la verdadera imagen de la realidad–. En el tiempo transcurrido desde entonces, aquel canal de televisión quebró, cambió de manos, cambió de programación, pero nunca recuperó el público que ansiosamente lo había buscado inicialmente.  El público es bastante más listo de lo que se cree.

Presentación

En 1995-6 comenzó a operar en México una nueva teledifusora. Se decía que se transmitía desde Miami, pero nadie sabía a ciencia cierta de dónde provenía la señal. La programación era interesante, y estaba compuesta principalmente por noticias y documentales. La publicidad prometía difundir sólo la verdad a una nación que tenía hambre de ella. Y pese a esto, sus noticieros (telediarios) ni siquiera mencionaron la multitudinaria megamanifestación nacional (con réplicas masivas simultáneas en las principales ciudades del país), que repudiaba los acuerdos firmados por la delegación mexicana en una conferencia mundial de población. Este tipo de incongruencias se da todos los días y en todos los medios –internet incluido–; y el lector experto las emplea para filtrar la información que le va llegando, y para descubrir (a pesar de las agendas políticas, ideológicas y económicas) la verdad –la verdadera imagen de la realidad–. En el tiempo transcurrido desde entonces, aquel canal de televisión quebró, cambió de manos, cambió de programación, pero nunca recuperó el público que ansiosamente lo había buscado inicialmente. El público es bastante más listo de lo que se cree.

Artículo

Todos en general desconfiamos de los mensajes anónimos:  Si hablamos de cartas, lógicamente sospechamos de la que llega sin firma y remitente.  Si hablamos de información general, lógicamente desconfiamos de la que nos llega por rumores –precisamente porque no sabemos quién los echó a rodar  y de qué manera espera beneficiarse con ellos–. Y la , igualmente, constituye la principal diferencia entre un panfleto y una legalmente distribuida –ya que la ley exige a ésta incluir un “directorio” que indique quién se beneficia con la publicación, y a dónde puede dirigirse las quejas–.

Esto cobra particular importancia al hablar de los “medios” electrónicos de comunicación, por su alcance masivo e indiscriminado. Afortunadamente, todos sabemos quiénes son sus propietarios, y dónde están sus oficinas, lo que nos permite saber qué esperar de la información que transmiten; y podemos protestar o felicitarlos cuando la ocasión lo amerita. Al menos yo, sí lo hago.

Precisamente por eso me molesta sobremanera no saber quién transmite el canal 40 –CNI–, desde dónde, y con que propósito [Nota: este artículo fue publicado cuando esta teledifusora comenzó a operar].  Se entiende que alguien se beneficia con ello, pues transmitir un canal –y casi sin anuncios– cuesta demasiado dinero como para hacerlo nada más porque sí. Se entiende también que dicho propósito influye en la selección de noticias, y por ende en su presunta “veracidad” y orientación ideológica; pero, si no sabemos quién lo hace, ¿cómo podremos analizar debidamente sus mensajes?

Dicen que se transmite desde Miami; puede ser.  Pero lo que nos consta es que se dirige a nosotros –prueba de ello es la campaña publicitaria que ha emprendido en territorio nacional–.  Uno de sus desplegados se titula “Disparos de verdad”, otro reza “Uno es lo que ve”, pero ninguno publica la dirección, el teléfono y el nombre del editor responsable, y de quien costea los gastos de transmisión.  Si alguien los conoce, le agradeceré me los facilite pues yo quiero llamarlos:  Están omitiendo noticias que no debería eludir quien –como ellos– presume de independencia informativa.

Mientras no los consiga, tendré que poner en tela de juicio cualquier dato que vuelvan a emitir.  Y no porque se trate de una teledifusora desconocida, sino porque el sentido común así nos lo exige  siempre que comprendemos que alguien está aventando una piedra, …para después esconder la mano.

ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN

(DATOS BIBLIOGRÁFICOS/HEMEROGRÁFICOS/VIDEOGRÁFICOS DE LA FUENTE):

Blanca de Lizaur; ¿Sin remitente puede haber… ‘Disparos de verdad’? en Humanidades de la UNAM # 119 [1996], pág. 3.

Actualmente disponible en (repositorio):  http://www.mejoresmedios.org


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Sobre Blanca de Lizaur, PhD, MA, BA