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  • Hace 17 años que presenté este artículo en un congreso que analizó cómo, el gobierno emanado de la Revolución Mexicana, remodeló la cultura de su pueblo para asegurar su permanencia en el poder. 

Tan bien lo hicieron, que todavía hoy siguen al frente del país y manteniendo las apariencias democráticas, pese a la difícil situación que atraviesa México –comparable en los últimos años con la de una guerra civil–.

Cuando regresé a casa entonces (después de esta conferencia), una mujer con la cara distorsionada por una media, me siguió durante varios días, y me amenazó. Y por lo que me dijo (había averiguado entre otras cosas, que mis padres eran españoles), se hizo evidente que me habían investigado.

Hace 14 años que vivo en España –años en los que mi país se ha roto en pedazos–. Releyendo esta conferencia, me pregunto de dónde saqué entonces la valentía para presentarla, considerando las represalias que he tenido que enfrentar por ello.

La publico ahora en mi web, porque la evolución histórica de España enfrenta una disyuntiva fundamental, que este análisis histórico puede ayudar a dirimir: 

La crisis económica obliga a la autoridad a reducir subsidios, patrocinios, mecenazgos, puestos y nombramientos oficiales, y otras ayudas que el Gobierno ofrecía a los agentes e industrias culturales. Ahora bien, éstos nacieron de una cierta necesidad política. Y si los retiras, es fuerza que retires también las contraprestaciones ideológicas a que te daban tácitamente derecho. 

Si pagas puedes pedir cambios a la melodía que tocan los músicos, aunque esto los lleve a traicionar su función social o sus aspiraciones personales.  Lo que no puedes es exigir que toquen solamente melodías que el pueblo rechaza –que no le gustan y por las que no va a pagar–, y que encima los músicos lo hagan a cambio de nada.  

Y no es por falta de convicciones. En nuestra monetarizada sociedad moderna –en la que sólo el dinero puede ser utilizado para intercambiar bienes y pagar impuestos–, todo tiene un precio. Incluso el "sólo sobrevivir", sale muy caro. ...Y tristemente, los músicos –como todos los demás agentes culturales, y como todo ciudadano vivo– necesitan comer.

    ÁNGELES SIN ALAS: POLÍTICAS DEL CONTENIDO EN LA TELENOVELA MEXICANA, 1957-1997

    Hace 17 años que presenté este artículo en un congreso que analizó cómo, el gobierno emanado de la Revolución Mexicana, remodeló la cultura de su pueblo para asegurar su permanencia en el poder. Tan bien lo hicieron, que todavía hoy siguen al frente del país y manteniendo las apariencias democráticas, pese a la difícil situación que atraviesa México –comparable en los últimos años con la de una guerra civil–. Cuando regresé a casa entonces (después de esta conferencia), una mujer con la cara distorsionada por una media, me siguió durante varios días, y me amenazó. Y por lo que me dijo (había averiguado entre otras cosas, que mis padres eran españoles), se hizo evidente que me habían investigado. Hace 14 años que vivo en España –años en los que mi país se ha roto en pedazos–. Releyendo esta conferencia, me pregunto de dónde saqué entonces la valentía para presentarla, considerando las represalias que he tenido que enfrentar por ello. La publico ahora en mi web, porque la evolución histórica de España enfrenta una disyuntiva fundamental, que este análisis histórico puede ayudar a dirimir: La crisis económica obliga a la autoridad a reducir subsidios, patrocinios, mecenazgos, puestos y nombramientos oficiales, y otras ayudas que el Gobierno ofrecía a los agentes e industrias culturales. Ahora bien, éstos nacieron de una cierta necesidad política. Y si los retiras, es fuerza que retires también las contraprestaciones ideológicas a que te daban tácitamente derecho. Si pagas puedes pedir cambios a la melodía que tocan los músicos, aunque esto los lleve a traicionar su función social o sus aspiraciones personales. Lo que no puedes es exigir que toquen solamente melodías que el pueblo rechaza –que no le gustan y por las que no va a pagar–, y que encima los músicos lo hagan a cambio de nada. Y no es por falta de convicciones. En nuestra monetarizada sociedad moderna –en la que sólo el dinero puede ser utilizado para intercambiar bienes y pagar impuestos–, todo tiene un precio. Incluso el "sólo sobrevivir", sale muy caro. ...Y tristemente, los músicos –como todos los demás agentes culturales, y como todo ciudadano vivo– necesitan comer.

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