LITERATURA MARGINADA, visión de una forma cultural

Este artículo constituyó nuestro primer proyecto sobre teoría literaria (o "poética"), de las obras de consumo popular.  Y explica cómo éstas se caracterizan por el uso codificado y recurrente de esquemas narrativos ya conocidos por el público, mediante ejemplos tomados principalmente del mundo de las telenovelas.

Fue publicado mucho antes de que los "memes" de Hawkins (ideas imitadas, contagiosas) se convirtieran en bagaje habitual de los estudiosos de las comunicaciones, y no solamente se refería a ellos, sino a los muchos y variados elementos que la gente de Letras ha encontrado y analizado como bloques constructores de narrativa, en obras literarias de todas las culturas, a lo largo de muchos siglos.

Presentación

Este artículo constituyó nuestro primer proyecto sobre teoría literaria (o “poética”), de las obras de consumo popular. Y explica cómo éstas se caracterizan por el uso codificado y recurrente de esquemas narrativos ya conocidos por el público, mediante ejemplos tomados principalmente del mundo de las telenovelas.

Fue publicado mucho antes de que los “memes” de Hawkins (ideas imitadas, contagiosas) se convirtieran en bagaje habitual de los estudiosos de las comunicaciones, y no solamente se refería a ellos, sino a los muchos y variados elementos que la gente de Letras ha encontrado y analizado como bloques constructores de narrativa, en obras literarias de todas las culturas, a lo largo de muchos siglos.

Artículo

El presente artículo se refiere a una forma literaria y cultural que ha trascendido a través de los siglos, no como obra particular e irrepetible, sino como perpetuación constante de esquemas narrativos delimitables  –esquemas que, adaptándose siempre a los últimos medios de difusión, alcanzan una penetración masiva en la sociedad, que otras formas literarias no suelen equiparar–.

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Dentro del ámbito de la cultura “culta”, se acepta discusiones sobre, por ejemplo, la atemporalidad del arte o la validez del postulado (i.e.: “el arte por el arte”), ya que, como dice Souto, hay cierta “intemporalidad en el arte, que deslinda asépticamente los intereses del autor desvaneciéndolos ante la realidad poética que hace a la obra trascender.[1]  En el ámbito de la cultura popular, sin embargo, no hablamos –quizás– de obras intemporales, tanto como de esquemas intemporales: Nada más perecedero que un pliego de cordel, o que una .  A pesar de ello, nada hay más atemporal que las estructuras que ambos –a cinco siglos de distancia– manejan; estructuras que les garantizan la aceptación de la mayor parte de los miembros de una colectividad.

Partiendo de las anteriores premisas, hemos de cuestionarnos respecto del porqué de dichas estructuras atemporales que continuamente alcanzan a un público lo más amplio posible.  ¿Qué es exactamente lo que el artista que maneja estos esquemas busca, sea consciente o inconscientemente?

La palabra nace para comunicar al hombre dentro de su sociedad.  La palabra, por lo tanto, por su propia existencia conlleva un mensaje, sea éste el que sea.  La objetividad es posible en el reflejo de la realidad, pero sólo hasta el punto en el que la ideología –consciente o inconsciente– del autor, se hace patente en la selección parcial que éste hace de la realidad para justificar sus propios postulados.  Lukács afirma que “dicho partidismo de la objetividad se encuentra potenciado en la obra de arte.  Potenciado […] ya que el material de la obra de arte es agrupado y ordenado deliberadamente por el artista con vistas a dicho fin”.[2]  Si la realidad en este tipo de obras se presenta de manera predeterminada, siempre con el objeto de exaltar determinadas conductas sociales por encima de otras, podemos –por ahora– inferir una relación entre modelos sociales y literatura popular.  Sin embargo, ya hablaremos de esto con más detalle posteriormente.  Por el momento, esta posible relación es una razón más para estudiar la .

Ahora bien, si fuera necesaria alguna otra justificación para hablar de la literatura marginada, ninguna mejor que las palabras de Schklovsky, el gran formalista ruso: “Las nuevas formas de arte son simplemente la canonización de [los géneros de la literatura popular u oral]”.  Como ejemplo de esta afirmación, cita las composiciones líricas de Pushkin que –según menciona– “proceden de versos de álbum”.[3]  Y como para Mims y Lerner “la literatura (‘desarrollada’) necesita renovarse constantemente mediante la ‘rebarbarización’”,[4] si queremos estudiar la literatura “culta”, es necesario acercarnos también a la popular.

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Es conveniente delimitar algunos de los conceptos que estamos manejando.  Es popular “toda obra que tiene méritos especiales para agradar a todos en general, para ser repetida mucho, y [para] perdurar en el gusto del público”.[5]  El pueblo (entendido como todos los miembros de una colectividad, sin importar sus distintos niveles económicos, sociales, e incluso culturales, géneros, edades y demás baremos censuales) disfruta de estas obras y fomenta –entre sus miembros– el continuo contacto con ellas.  Por ello, dentro de este artículo manejamos como posible la identificación que algunos autores encuentran entre literatura popular y literatura de masas.[6]  Y por supuesto, la literatura popular aparece siempre como distinta de la literatura “culta”.

¿Por qué hemos empleado también el término de literatura marginada” Citemos a García de Enterría:  “No hace mucho tiempo que ha empezado a reconocerse en el campo de los estudios de Literatura, la importancia de esas parcelas literarias que desde [hace] siglos habían ido dejándose a un lado, y a las que –a pesar del interés creciente hacia ellas– se les sigue dando el nombre de , , paraliteratura, etc.  Dentro de todas estas denominaciones, se nota un matiz peyorativo, consciente o no, en los que así las llaman […].”.[7]  Finalmente esta autora las nombra como “literatura marginada”, por la efectiva marginación de que han sido objeto por parte de los estudiosos de las manifestaciones de la literatura culta.

Para Wolf, la “influencia [de la literatura de masas] se deriva, más que del contenido que difunde, de las características del sistema social que la rodea. [Por lo mismo, sus productos] sólo son analizables en el contexto social en el que actúan”.[8]  Repetidamente han hecho notar los críticos que su influencia es proporcionalmente mayor en momentos de crisis social, [9] cuando los valores que dan cohesión a la colectividad flaquean, o cuando ésta se encuentra en peligro.  Hay una teoría de la comunicación de masas que nos explica este fenómeno razonablemente: La teoría estructural-funcionalista explica el sistema de comunicación de masas, como aquel que desempeña una función determinada y necesaria dentro de la sociedad.  Esta función es la regulación y homogeneización de los valores de la colectividad, con la meta de procurar la pervivencia de la misma.  Así, la literatura de masas es aquella que persuade a favor de determinados patrones sociales, aceptados dentro de un grupo social.

Si partimos de este postulado, nos es posible comprender la permanencia de la literatura de masas, a pesar de los grandes cambios sufridos por las sociedades humanas a lo largo de la historia [10]:  Cualquier colectividad, sin importar su ideología, necesita promover entre sus miembros, determinados tipos de conducta con preferencia sobre otros.  Cualquier sociedad requiere de un instrumento como la literatura de masas para sustentarse firmemente; y por lo mismo, ésta siempre se ve provista de los últimos medios de difusión.

La dinámica de la literatura de masas se centra en la adherencia a los modelos de valor interiorizados e institucionalizados.  Por ello, atiende siempre en primer lugar a la integración y mantenimiento del sistema.  Incluso el discurso subversivo que a veces encontramos imbricado, provee de una válvula de presión para los puntos de neuralgia social.  Asimismo, la prepara para eventuales cambios en la estructura de la colectividad, con lo que impide su pérdida de vigencia.

Por todo lo anterior, los elementos de conservación e integración del sistema, prevalecerán siempre, aún cuando en ocasiones choquen credos políticos o religiosos aceptados.[11]

Tomemos como ejemplo extremo, el que se repite con cierta frecuencia en un tipo de literatura de masas de alcance importante: La telenovela.  Diariamente en el mundo, millones de personas prenden sus televisores para ver alguna.  No importa el país o la lengua, cada uno cuenta con una palabra suya, particular, para nombrarla: soap-operas en  Estados Unidos, kitchen-sink dramas en Inglaterra, tevenovelas en Brasil, etc.[12]  En ninguno de estos países la ley sanciona (esto es: respalda oficialmente como necesario y deseable), que la mujer soltera quede encinta.  Sin embargo, en múltiples ocasiones observamos cómo en las telenovelas, el héroe embaraza a la protagonista sin que medie ningún lazo legal ni religioso que avale su unión. La conducta del héroe es paradigmática.  Antes de verse “premiado” –al final de la historia– con una serie de convenciones (como pueden ser la riqueza y el amor mismo de la protagonista), es necesario que él demuestre que ha luchado suficientemente por los valores que permiten la pervivencia de la colectividad.

Reflexionemos: ¿Acaso alguna vez, en alguna telenovela, ha “ganado” un protagonista –varón o mujer– estéril?  ¿Podríamos concebir un héroe estéril? No –lo cual no significa que no pueda haber en la vida real, varones ejemplares y magníficos, que padezcan por este problema–.  Pero, ¿por qué no en las telenovelas, salvo excepcionalmente…?  Porque de qué sirve que el héroe luche tanto por promover una serie de valores sociales, cuando él mismo ni siquiera puede garantizar que aquello por lo que lucha, viva siquiera sea una generación más.  ¿De qué serviría tanto sufrimiento en los protagonistas por defender una serie de instituciones sociales, cuando éstas no pueden ni sobrevivirlos?  El hecho de que deje embarazada a la protagonista sin asegurar antes su bienestar y la crianza de los hijos que pudieren venir, no es disculpable sino desde el punto de vista de la pervivencia biológica de la colectividad.  Y dado lo frecuente y consistentemente que aparece este fenómeno en todo tipo de literatura marginada a lo largo de los siglos, podemos considerar que no es gratuito, sino que hay causa real para que se dé. Como ejemplo podemos mencionar Rosa salvaje, , , , y muchas otras historias que por su amplio auditorio resultan representantivas.  Como ejemplo todavía más contundente, tenemos el de la telenovela De pura sangre, protagonizada por Humberto Zurita y Christian Bach, en la que el héroe no sólo prueba su fertilidad embarazando a la protagonista estando ésta esta casada con el antagonista, sino en la que encima el antagonista resulta, además de estéril, impotente sexualmente e incapaz de amar.

[Nota: Años después de publicado este artículo, se transmitió una telenovela colombiana, Café con aroma de mujer, de Fernando Gaitán, en la que el protagonista era impotente, sí, pero sobresaliente en la calidad y la expresividad de sus sentimientos.  Tuvo tanto éxito, de hecho, que pronto se produjo dos versiones mexicanas de esta misma obra: Cuando seas mía, y Destilando amor.

La razón da para meditar: Gustó tanto un héroe capaz de amar por encima y más allá del mero deseo sexual, que la obra alcanzó gran éxito en varios países.  Conviene traer este dato a colación para recordar que, más allá de la utilidad biológica y social del sexo y la procreación, el ser humano aspira y necesita amor, en tanto que necesita afectos humanos que lo ennoblezcan levantándolo por encima de sus propias necesidades.]

Como ejemplo de telenovelas que rompen con estas características, y que –por tanto– son rechazadas por la colectividad, tenemos Seducción y El cristal empañado, que por su bajo nivel de audiencia debieron ser retiradas del aire antes del tiempo previsto.  Ninguna de las dos mostraba apego a ningún estereotipo social:  En El cristal empañado, por ejemplo, no aparecía una sola figura paterna, ni una sola familia –no digamos bien constituida– sino ni siquiera estable; ni ninguna madre digna de serlo de acuerdo al modelo socialmente aceptado, pues, de facto, todas resultaban culpables conscientes de los problemas de los hijos. El autor de la misma, no contento con ello, le dio a la historia –no un héroe– sino un protagonista psicópata que atacaba al débil, era manipulado negativamente por los demás, y que en general no cumplía con ninguno de sus roles esperados –ni siquiera el de rufián–.

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Como podemos ver, la literatura marginada procura promover siempre una serie de valores.  ¿Cómo lo logra?  Por medio de las estructuras atemporales de las que hablamos al principio.  Por resultar eficaces para ello, estas estructuras han pervivido a través del tiempo, adaptándose siempre a las distintas colectividades y a las distintas ideologías.  De ahí que, por ejemplo, desde el nacimiento de nuestra sociedad actual, en los albores de la Revolución Industrial, oigamos quejas en cuanto a que en la literatura comercial “siempre pasa lo mismo”.  ¿Quién puede negar que, en cuestión de estructuras, todas las telenovelas “son iguales”…?

Estas estructuras narrativas merecen, ciertamente, un estudio más profundo que el presente; lo mismo que la literatura marginada, que –concluyendo– se caracteriza por favorecer la existencia de textos abiertos que conserven, renueven y reflejen los valores sociales estereotípicos de una colectividad determinada a lo largo de cada período de su historia.

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Textos consultados:

García de Enterría, María Cruz; Literaturas marginadas; Playor, Madrid, 1983.

Lukács, György; “Arte y verdad objetiva” (1934), en Materiales sobre el realismo; Grijalbo, México, 1977.

Martín Barbero, Jesús; “Introducción”, en Comunicación y cultura de populares en Latinoamérica. Seminario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; Gustavo Gili, México, 1987.

Menéndez Pidal, Ramón; Poesía popular y poesía tradicional; Imprenta Clarendoniana, Oxford, 1922.

Reed, J.D.; “Why all the world loves a soap”, en Times, 16 de marzo de 1987.

Souto Alabarce, Arturo; Literatura y sociedad; ANUIES, México, 1973.

Warren, Austin, y René Wellek; Teoría literaria; 2ª ed.; Gredos [Biblioteca Románica Hispánica], Madrid, 1959.

Wolf, Mauro; La investigación de la comunicación de masas;Paidós [Instrumentos Paidós # 2, Barcelona y Buenos Aires, 1987.


NOTAS:

[1]  Vid , Literatura y sociedad, México, ANUIES, 1973; pág. 30.
[2] Vid “Arte y verdad objetiva” (1934), en Materiales sobre el realismo; México, Grijalbo, 1977; pág. 25.
[3] Ápud Austin Warren y René Wellek; Teoría literaria; 2ª ed.; Madrid, Gredos [Biblioteca Románica Hispánica], 1959; pág. 283.]
[4] Ibídem.
[5] Vid Ramón Menéndez Pidal; Poesía popular, y poesía tradicional; Oxford, Imprenta Clarendoniana, 1922; pág. 22.
[6] Confer ; “Introducción”, en Comunicación y cultura populares en Latinoamérica.  Seminario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; México, Gustavo Gili, 1987; pág. 9.
[7] María Cruz García de Enterría; Literaturas marginadas; Madrid, Playor, 1983; pág. 7.
[8] Mauro Wolf; La investigación de la comunicación de masas; Barcelona y Buenos Aires, Paidós [Instrumentos Paidós # 2], 1987; pág. 55.
[9] Carey, ápud Mauro Wolf, ídem, pág. 67.
[10] Mauro Wolf, ídem, pág. 69.
[11] Mauro Wolf, ídem, pág. 70.
[12] Vid J. D. Reed; “Why all the world loves a soap”, en Times; 16 de marzo de 1987; pág. 42.

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Fuente de la ilustración: Banco de imágenes DreamsTime.com (© Prudencio Alvarez)

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ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN

(DATOS BIBLIOGRÁFICOS/HEMEROGRÁFICOS/VIDEOGRÁFICOS):

Blanca de Lizaur; “La literatura marginada: Visión de una forma cultural”, en Oralidad y escritura; Eugenia Revueltas y Herón Pérez Martínez, compiladores; Zamora, El Colegio de Michoacán, 1992;  págs. 207 a 212.

Actualmente disponible en (repositorio):  http://www.mejoresmedios.org

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Citada por Laura Bensasson en “Mito, memoria y utopía en las hazañas de Juan López” (trabajo de seminario del doctorado en Antropología, dirigido por el Dr. Antonio García de León, Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos, C.I.D.H.E.M., Cuernavaca, Morelos); publicado en internet en la revista de Estudios Mayas: Nikte’t’aan (Palabra en flor), Año 2, # 2 [abril-mayo 2003].


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Sobre Blanca de Lizaur, PhD, MA, BA