Blanca de Lizaur, PhD, MA, BA, [:es]Especialista en contenidos [:en]Content specialist.
Shadow

LA OPERACIÓN DE NUESTRO CEREBRO Y LA EXPRESIÓN HUMANA. Implicaciones para la Literatura, los medios y la investigaciónTHE WAY OUR BRAIN WORKS, AND HUMAN EXPRESSION. Implications for Literature, Media and research

1. Introducción

Cuentan que Chesterton y su hermano Cecil gozaban tanto de una buena y sana polémica intelectual, y se concentraban tanto en ella así estuvieran en mitad de la calle, que podía lloverles encima-y-acabarse el día, antes de que ellos renunciasen al gozoso y productivo intercambio de sus espadas intelectuales.

La gente que se los topaba en la calle, los rodeaba, porque no había manera de quitar del medio o separar a aquellos dos robustos caballeros, a quien por otro lado todos querían entrañablemente –incluso sus enemigos–. Al final del día, y después de haberse ocupado la gente de sus quehaceres, había quien regresaba a preguntarles cómo habían resuelto el dilema. Así que, de hecho, “la polémica del día” terminaba beneficiando también a otros, …siempre que éstos hubieran tenido la inteligencia de seguir adelante mientras tanto con sus quehaceres.

No importa a qué se dedique uno, tarde o temprano todos nos topamos con dogmas intelectuales intocables o con polémicas bizantinas que –pese a su indudable importancia– enfrentan y desgastan a los especialistas, encerrándolos en callejones sin salida e impidiéndoles avanzar en su labor. Con que algunos de ellos se ocupen de ellas, basta; lo demás necesitamos ocuparnos de que el mundo siga adelante…

Y esto que parece fácil, no lo es. ¿Qué hacer cuando uno entrevé que la solución al problema que motiva su investigación, se encuentra más allá de ese obstáculo, …precisamente detrás de él? Si intentamos afrontarlo, nos veremos barridos por los vientos de una polémica que –frecuentemente– se convierte en arma de facciones políticas encontradas, cerrada a toda nueva perspectiva y aportación…

Les pongo un ejemplo: Nuestro estilo de vida nos ha llevado a inundar el mundo con moléculas que no son hormonas, pero cuya forma es tan semejante a la de una hormona, que las células de los seres vivos las confunden con ellas. Y como uds. saben, las hormonas regulan delicadamente nuestro metabolismo, detonando acciones fundamentales para nuestra sobrevivencia (en cantidades muy, muy pequeñas y precisas…), así que la confusión puede –y tiene– efectos secundarios sumamente graves.

Podemos discutir hasta el infinito sobre la licitud y conveniencia de tratar al ganado con hormonas, o no; sobre los cambios sociales que nos han conseguido los anticonceptivos hormonales, y su conveniencia –o no–; o sobre la ductibilidad, durabilidad, belleza, eficiencia y bajo coste de los derivados de petróleo –pleitos todos ellos que, por su calibre, ocupan a activistas de uno y otro color–.

Pero eso no cambia el hecho de que hormonas para el ganado, fármacos hormonales humanos, y derivados del petróleo, tienen efectos ambientales perniciosos que es necesario atender con urgencia, en lo que las ardientes polémicas a que dan lugar se resuelven.

O dicho en otras palabras: ¿Cómo conseguir avanzar en nuestra investigación, en tanto que los polemistas resuelven las ríspidas cuestiones que los ocupan?

Recurrir a otras ciencias y especialidades que hayan arrojado luz sobre nuestros temas de estudio, en mi experiencia, nos permite enriquecernos profesionalmente, y resolver con gran ecuanimidad y elegancia muchas de estas cuestiones. Y esto es precisamente lo que hoy vengo a compartir con ustedes: Cómo, el recurrir a las Neurociencias (y a otras varias ciencias más), me ha permitido circunnavegar alrededor de las polémicas que hoy tienen secuestrada a la Filología –que es mi disciplina de origen–, y avanzar en mi investigación, en lo que los vientos políticos de uno y otro color terminan por resolver sus muy respetables diferencias.

2. Cómo funciona nuestro cerebro

Steven Pinker, neuro-lingüista y autor de un magnífico compendio sobre la Teoría Computacional de la Mente: How the mind works, define la inteligencia como

∙ “pensamiento racional” –ya que sigue reglas de tipo causa-efecto, innatas, para su procesamiento (pues ha sido posible demostrar su utilización incluso en bebés de pocas semanas de nacidos)–

∙ “de tipo humano” –la materia cerebral es bastante semejante en todos los animales, especialmente entre mamíferos; pero produce comportamientos e información diferentes en cada uno, en función de las necesidades y características de cada especie: La de la araña nace pre-programada para tejer telarañas, y la nuestra para una serie de tareas que nosotros necesitamos para sobrevivir, y que los neuro-científicos han ido inventariando laboriosamente con el paso de los años–,

∙ “que responde a la verdad” (“truth obeying”)…, en tanto que –como dice el biólogo Bruce Lipton, invitado no hace mucho por la Royal Society de Londres– si estuviéramos “programados” para nacer, crecer, actuar de determinada forma, y morir a intervalos prefijados y en lugares predefinidos, no podríamos sobrevivir, ya que estamos inmersos en un ambiente cambiante que nos lleva a enfrentar circunstancias prácticamente imprevisibles. Las células tienen receptores en su membrana exterior para saber cuando hay alimento o veneno cerca de ellas –por ejemplo–; así como para detonar las distintas reacciones que convienen en cada circunstancia particular, de tal forma que pueda sobrevivir. Si los receptores celulares dejan de funcionar (y esto se ha probado en el laboratorio), la célula muere –…por haberse desconectado de su entorno, por haber dejado de conocerlo tal cual es, y por haber dejado de responder a él oportuna y adecuadamente, según iba siendo necesario a cada momento–. De la misma forma, nosotros necesitamos información creíble, veraz, sobre el mundo en el que estamos inmersos; y mientras más fiel sea esa información –mientras más “truth obeying” sea–, más apta será nuestra respuesta al entorno, y más viable nuestra sobrevivencia.

Y aquí tenemos el primer escollo que hemos esquivado: La cuestión de la “verdad”, por la que los filósofos y los filólogos han discutido durante tantos siglos, y por la que siguen peleándose todavía hoy…

3. Pero a resultas de éste, se nos viene ahora encima un segundo escollo, no menos importante: El Deconstruccionismo reina hoy en el mundo académico, afirmando que “no podemos conocer la realidad” –extrapolando el Principio de Incertidumbre de Heisenberg a otras ciencias (¿recuerdan lo que pasaba con las células que se quedaban sin receptores…?)–. No sólo esto, sino que además sostiene que todo cuanto podemos decir sobre la realidad está errado de origen, debido a que “la lengua es un constructo creado para explotarnos, y para sesgar nuestro pensamiento de forma que esa explotación se perpetúe”–.

¿Qué nos dicen las Neurociencias sobre esto?

Mediante estudios verdaderamente ingeniosos, y empleando equipos de resonancia magnética y de tomografía a positrones que han permitido mapear la actividad cerebral momento a momento, se ha podido demostrar que nuestra mente fabrica la imagen que tenemos de la realidad, tomando nuestras percepciones –que son muchas, fragmentadas, y nacidas desde distintos puntos de vista–, para cohesionarlas y armonizarlas en una sola –completando además la información faltante a partir de aquella con la que contamos–.

Esto es: Sí, en verdad, como el Deconstruccionismo sostiene, nuestra imagen de la realidad es verdaderamente un constructo intelectual, una fabricación mental…,

…pero no nacida para la explotación dolosa de unos pocos (por más que cada uno la sesgue lamentablemente a su gusto y necesidad)…,

…sino producida:

∙ por nuestras redes neurales innatas,

∙ que responden a circunstancias presentes en este planeta y no otro (como los algoritmos que nos permiten descodificar los colores de una imagen, a pesar de los variables gradientes de brillantez y características de iluminación que se dan en la Tierra),

∙ para resolver problemas que previsiblemente íbamos a tener que enfrentar aquí para sobrevivir, como el distinguir caras, el reconocer alimentos, y el construir herramientas y alojamientos –…útiles en este planeta y no en otro–.

Como dice Pinker (citando a otro autor): La obra cumbre de nuestra mente es la imagen que nos da de la realidad –sí–. Pero –añadimos nosotros– la obra cumbre de esta imagen, es nuestra propia sobrevivencia… –lo que implica que esa imagen se correlaciona realmente con el entorno en el que estamos inmersos–. A mayor correlación, mayor utilidad para la vida.

Ergo, también: El que estemos en contacto con la realidad, y nos relacionemos con ella para sobrevivir (o no); implica que ella tiene existencia por sí misma, que no se origina en nosotros, y que tampoco la fabricamos –la hacemos existir– con nuestra percepción y nuestras expresiones. Nosotros meramente la conocemos.

4. Nuestra mente está conformada por módulos específicos (Chomski los llama “órganos mentales”), nacido cada uno, o para responder a un tipo determinado de problema que previsiblemente podríamos tener que enfrentar en el entorno natural de nuestra especie, o para reunir información sobre temas específicos (que pudiera sernos útil también en estas circunstancias). Y cada módulo mental, a su vez, está compuesto por múltiples sub-módulos, y éstos a su vez por otros más; lo que implica una jerarquización funcional, organizada, armónica, de ellos, en aras a la consecución de nuestros objetivos.

Pongamos un ejemplo: Nacemos con un módulo mental que nos permite adquirir en nuestra infancia, por inmersión, un lenguaje humano.

Así como el ruiseñor no toma lecciones para cantar, el infante no toma lecciones sobre cómo reaccionar a los estímulos verbales de su entorno, sino que viene “pre-programado” para ello. ¿Cómo…?

Su cerebro le ofrece una serie de interruptores mentales que tiene que activar en un sentido o en otro, según va escuchando a otros humanos a su alrededor hablar (¿la lengua que les escucha es tonal, o no?, ¿es sintética en su construcción, o no?, ¿coloca el adjetivo antes o después del sustantivo?, etc.).

Y una vez que el niño los ha activado, se forma en su mente automáticamente un mapa de las estructuras básicas de la lengua. …Tras de lo cual se desencadenan en él:

(a) la adquisición del léxico, a una velocidad tal, que no hay manera de replicarla después; así como…

(b) el “pulido final” de la lengua, mediante el aprendizaje de las excepciones a cada regla –excepciones que ningún ser humano habría creado, dicho sea de paso, si se hubiera dedicado a fabricar una lengua, como presupone la teoría de la explotación…–.

“Colorín, colorado”: así es como la lengua materna se ha logrado…

Sin la pre-programación innata de nuestros órganos mentales –del módulo y submódulos específicos del lenguaje–, no hay manera de explicar –ni replicar artificialmente– una proeza semejante.

5. La existencia de módulos específicos, con submódulos, y sub-submódulos, y sub-sub-submódulos…, nos trae a la mente otra cuestión:

Nuestro cerebro se caracteriza por operar de manera coordinada, jerárquica y colaborativa: Los módulos operan “modularmente” –valga la redundancia–, repartiéndose las tareas entre sí; y substituyendo los unos a los otros cuando es necesario, sin necesidad de volver a aprender cada uno todo lo que ya habían discernido los demás.

Por ejemplo: Cuando aprendemos una palabra en un libro, no memorizamos su fotografía –su imagen fija–, sino la forma cómo fue compuesta (por determinados trazos). Esto después nos permite reconocerla aunque la encontremos escrita *con un tipo de letra distinto, *en otro color, o *sobre un fondo diferente, etc. Lo cual es evidencia de que no gestionamos los textos con los mismos algoritmos (y módulos cerebrales) que utilizamos para otro tipo de imágenes.

Si además no pudiéramos escribir esa palabra con la mano por alguna causa, podremos escribirla con el pie, o expresarla oralmente, o mediante señas, sin necesidad de volver a aprender lo que significa –lo único que hacemos es cambiar el “módulo o canal de salida”, pero el resto de la información sigue almacenada y disponible en los demás módulos cerebrales, con una perduración de memoria que también es asombrosa–.

No sólo esto: El mensaje viaja en nuestro cerebro de una neurona a otra, siendo transducido una y otra vez –es decir, cambiando de formato: de eléctrico a químico, de químico a eléctrico…, etc.–. Y si bien la forma cambia, el mensaje permanece siempre el mismo. En términos biológicos, esto nos demuestra la primacía del contenido sobre la forma,  de la intención comunicativa sobre el canal empleado para transmitirla, que tanto ha atormentado a los filólogos y filósofos al largo de la historia, ya no digamos desde el surgimiento de los medios electrónicos (¿Otelo deja de ser Otelo si la transmitimos por televisión, en una versión adaptada a determinado tipo de público, por ejemplo…?); …y que hoy –en plena Revolución Digital– cobra renovada importancia.

Otra cuestión resuelta, gracias a las Neurociencias.

6. Aún más: La forma como operan nuestros módulos mentales deja su huella, se reproduce, en las teorías que generamos y en los sistemas que empleamos para gestionar los distintos tipos de información. Gracias a esto, pese a que nuestros recursos son limitados, podemos desempeñar un número ilimitado de tareas, y manejarnos con un número igualmente ilimitado de mensajes.

Esto es: La operación modular de la mente explica por qué empleamos “sistemas combinatorios discretos” para casi todo –lo que significa que con unos pocos sonidos podemos “hacer” muchas palabras distintas; y con un cierto número de palabras, podemos producir un número infinito de frases y discursos diferentes; o que con una serie pequeña de símbolos numerales (0,1,2,3,4,5,6,7,8,9), podamos construir una secuencia infinita de números, y con ellos hacer una serie igualmente infinita de cálculos sobre distintos aspectos de la realidad.

¿Cómo? Mediante la codificación del significado que les daremos a cada uno, en función del lugar que ocupen en una secuencia –esto es: estableciendo reglas, arbitrarias pero útiles, que doten de un significado diferente a cada símbolo (letra, numeral, palabra…) que coloquemos en una secuencia, de manera sistemática y predecible para quien las conozca–. Y noten que el sólo hecho de dotar de significado a la posición que ocupe una letra, un número, etc., implica una linealidad forzosa en su lectura, así como maneras “correctas” o “legales” de leerlos, …de la misma forma como una novela ha de ser leída en el orden en el que se nos presentan las páginas del libro, y no en otro. Sin esta codificación particular de las realciones que puede establecer cada tipo de símbolos, no podríamos expresar con tan pocos, una gama infinita de mensajes.

No sólo esto: Nuestra mente logra todo esto, sin perder la capacidad humana de individuar conceptos (y hasta las interpretaciones de ellos) –de no confundirlos, sino de reconocerlos como únicos y diferentes entre sí, sin importar cuántas asociaciones se den entre ellos–. Esta capacidad –y módulo cerebral– es crucial, por cierto, para reconocer a las personas con las que tratamos (juan Pérez no es Juan Pacheco), o los frutos, animales y plantas que favorecen nuestra sobrevivencia (manzana es manzana, sin importar que no les demos nombres específicos a cada una de ellas, lo cual no significa que todas sean la misma…,) por poner un par de ejemplos.

Aún más: La operación modular del cerebro es recursiva, lo mismo que nuestro lenguaje y obras. Esto significa que podemos anidar una oración en otra, y ésta por su parte, en otra más, y así sucesivamente; y que podemos igualmente anidar una tarea en mitad de otra más compleja, y ésa en una tercera aún más compleja, siempre siguiendo –eso sí– unas ciertas reglas para que cualquiera pueda desentrañar precisamente el sentido que quisimos darles… Vamos: La recursividad es lo que nos permite subordinar y coordinar oraciones u otros elementos entre sí. Esto se refleja:

∙ En todo conocimiento adquirido o desarrollado por la inteligencia humana –tanto en la música, como en el uso de la voz, como en el lenguaje, como en las matemáticas, etc., ya que todos hacen uso de sistemas combinatorios discretos, recursivos, y con capacidad de individuación–; lo mismo que…

∙ en toda obra de nuestra inteligencia –esto explica desde la aritmética hasta la geometría analítica y la fractal, por un lado; pero también el empleo, por otro, de módulos intercambiables en el cuento tradicional (o folklórico), como señaló Vládimir Propp –lo mismo que a todo lo largo y ancho de la Literatura Universal (motivos y fórmulas narrativos, personajes recurrentes, etc.)–.

Permítanme un par de palabras especializadas más, pero que tienen sentido para los filólogos que se encuentren en la sala: simplemente no habría relaciones sintagmáticas (estructurales, gramaticales) y paradigmáticas (que establecen categorías de elementos, y tipos de categorías; por ejemplo: sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios…), si no hubiera sistemas combinatorios discretos…

¿Cómo entonces es posible que la Literatura contemporánea descalifique una obra popular, sólo porque la secuencia de acciones es lógica y lineal, o que se nos empuje a alcanzar una «originalidad absoluta» como meta, cuando ésta es imposible en un sistema combinatorio discreto como el que nos permite crear y disfrutar de nuestras narraciones? Como dicen Wellek y Warren en su Teoría literaria: La originalidad absoluta es imposible e indescifrable por definición.

…Una cuestión más que es posible plantear merced al recurso a las Neurociencias.

7. Nuestra mente almacena la información y la procesa –¡qué belleza!– en nuestra imaginación. La imaginación es la pizarra mental en la que representamos y gestionamos la realidad, según se ha podido demostrar mediante equipos que permiten monitorear la operación mental. Y los símbolos que manejamos en la pizarra de nuestra imaginación, detonan comportamientos voluntarios e involuntarios –como la mano que elevamos automáticamente para alejar una mosca de nosotros–.

La medicina ha constatado que podemos enfermar a una persona mediante la imaginación (¡pregúntenselo a Platónov, el discípulo de Pávlov, el conductista…, a Milton Erickson o cualquier otro renombrado psicoterapeuta de la última centuria y media, o a Hahenmann, el descubridor de la Homeopatía!).

E igualmente es posible emplear nuestra imaginación para curarnos –las “palabras que curan” son un viejo tópico médico del que se han ocupado, entre otros, los Doctores Hernando, Marañón, o Francisco Guerra, por citar 3 notabilidades españolas (cfr.: Guerra), Asimismo, no es posible en buena ciencia descartar que toda terapéutica médica se apoya en gran medida en los efectos placebo y nocebo, que demuestran claramente que las ideas también pueden afectar nuestra salud (cfr. otra vez: Bruce Lipton)–.

No sólo esto: Se ha comprobado que si programamos ordenadores para que puedan aprender “a partir de ejemplos”, “por la observación”, «mediante modelos de comportamiento», se vuelven más eficientes. …Por algo la humanidad lleva siglos generando relatos que nos recreen e instruyan por medio de parábolas, ilustraciones o “exempla” –creados explícitamente para servir como modelos de comportamiento, y no necesariamente para indoctrinar, a partir de la experiencia vital reunida por la sociedad y cultura a las que pertenecemos…–.

¿Cómo, entonces, es posible que la Literatura rechace la responsabilidad que le corresponde en cuanto a la formación de lectores más eficientes –expertos y no ideologizados–, o con respecto de la importancia de crear y aplaudir obras de impacto masivo pro-social –positivo en términos antropológicos, no políticos; esto es: afines a los valores, ideas y creencias mayoritarios de sus sociedades–?

La Literatura –entre sus muchas funciones sociales– tiene la de alimentar nuestro “imaginario” colectivo e individual –la de de poblar nuestro catálogo de acciones posibles, acompañadas de sus consecuencias probables, para que podamos tomar decisiones más sensatas, ingeniosas y benignas en orden a nuestra sobrevivencia. Nada menos.

…También tiene la misión de formarnos en la gestión de nuestras emociones –las cuales son tan importantes para nuestra sobrevivencia, que contamos con un módulo mental específico para gestionarlas–.

Por estas razones, y por varias más, la Antropología nos enseña que la Literatura es una institución social de primer orden –presente en toda sociedad humana–, que tiene por misión difundir y justificar emocionalmente aquellos comportamientos que la experiencia ha demostrado favorecen nuestra sobrevivencia.

8. Algo más, y particularmente importante: Contamos con un módulo mental al que Pinker llama “el descubridor de trampas, sesgos y mentiras”the cheater detector–.

Ya vimos que la verdad –el conocimiento lo más fiel posible de la realidad pese a nuestras limitaciones–, es fundamental para nuestra sobrevivencia. Tiene sentido entonces que contemos con un módulo cerebral específico para protegernos de toda información falsa, errónea, sesgada, tramposa… –la que dificulta o impide nuestra sana sobrevivencia–.

Y porque este módulo existe innatamente en nosotros, a lo largo de la historia, los autores, géneros, medios de comunicación e instituciones que “mienten más que hablan”, o que promueven agendas hostiles a los valores, ideas y creencias de sus sociedades, han terminado por ser repudiados espontáneamente por la sociedad. La sociedad es un cuerpo vivo, que tiende instintivamente a la sobrevivencia..

Por eso la naturaleza humana ha generado relatos pedagógicos para concienciarnos sobre la utilidad de la veracidad y la credibilidad, como el de “Pedro y el lobo” (en la tradición del cuento popular español: El relato de un joven pastor que miente tanto, que los vecinos dejan de acudir a su llamado; por lo que el día que el gran lobo feroz verdaderamente ataca su rebaño, nadie acude a ayudarlo).

La redundancia confluyente, las distorsiones, la confrontación con otras fuentes de información y con respecto de la realidad, y los “filtros” (ideológicos, por ejemplo), son algunos de los mecanismos que nuestro “módulo detector de mentiras” emplea para defendernos: Dado que la comunicación humana es multicanal (percibimos información no sólo en las palabras que nos dice la persona, sino también en la entonación de su voz, en su forma de expresarse, por el contexto en el que se da la charla, etc.), la ausencia o presencia de coherencia y de relevancia entre todos los datos que percibimos, es crucial.

Y su eficiencia brilla en donde la defensa en más difícil: Ante los poderosos. La indoctrinación es, en mi experiencia como estudiosa de la literatura y de los medios, uno de los mecanismos de falseamiento de la realidad que nuestro cerebro repudia, si bien pueda parecer que no reacciona siempre clara, directa e inmediatamente a él –oponerse directamente al poder entra en conflicto con el módulo mental que procura la homeostasis social, o la cohesión tribal y familiar, por poner dos ejemplos…–.

Así que nuestra mente se toma su tiempo, pero tarde o temprano consigue liberarse de las mentiras que le han sido impuestas, y que dificultan o imposibilitan la sobrevivencia; …y reaccionar contra ellas –las estadísticas de ventas, consumo y credibilidad de los «medios» de comunicación, demuestran que la sociedad tiene pre-programada biológicamente su defensa–.

Y esto es inevitable, porque la información que recibimos de la realidad es tan abundante, y nos llega por tantos canales, que aunque los que mienten se coordinen para formar un frente unido, y para repetir sus consignas hasta el cansancio, no pueden impedir que la información-que-ellos-no-controlan, sea mucha más, y los ponga una y otra vez en evidencia.

Así que el Deconstruccionismo tiene razón –pero otra vez: sólo en parte–; y esto podemos afirmarlo apoyándonos en distintas ciencias, y sin caer en discusiones partidistas, abstrusas, obscuras, y colmadas de términos intrincados y artificiales.

9. Conclusiones

Nuestra sociedad vive ahora la transición de un paradigma de mentalidad Racionalista, Mecanicista, Materialista, etc., a uno nuevo.

Por fin, después de muchos siglos de dogmática e incuestionable hegemonía, podemos reconocer que la razón humana es limitada y falible –que no puede de ninguna manera ser considerada la única medida de las cosas–. Ahora bien, esto no invalida sus impactantes logros ni su gran valor.

Mientras mejor conozcamos cómo opera nuestro cerebro, mejor podremos protegernos de sus trampas, salvar sus limitaciones, y sacar provecho de sus extraordinarias habilidades.

Y esto exige, no sólo un mayor conocimiento de las Neurociencias –que como hemos visto, tienen mucho que aportar a las disciplinas humanas (o Humanidades)–; sino también un mayor conocimiento de éstas, que nuestro siglo ha postergado con soberbia e ingenuidad.

Nos referimos a la Epistemología, la Lógica, la Filosofía, y desde luego la Filología, la Lingüística y la Literatura, que son, no sólo necesarias, sino indispensables para nuestra sobrevivencia.

…Pero, estimados colegas, a unas y a otras las necesitamos des-ideologizadas en la medida de lo posible, por favor. La instrumentalización de las Neurociencias y de las Humanidades por parte de facciones políticas e ideológicas, ha llevado a la sociedad a retirarles su confianza. Y necesitamos recuperarla, no sólo para sobrevivir nosotros, sino porque también ella –la sociedad– nos necesita.

10. Cuando una neurona establece relaciones útiles con múltiples otras neuronas y redes, el saber humano adquiere relieve y profundidad, permitiéndonos eliminar distorsiones e información irrelevante, hacer inferencias razonables a partir de datos ambiguos o incompletos, y –mediante la asociación de patrones de datos– producir generalizaciones inteligentes.

…Y también salvar obstáculos como las discusiones bizantinas que obstaculizan, por su importancia, el avance del saber –haciendo a nuestras ciencias un muy flaco favor, y cavando la tumba de las instituciones a las que pertenecemos–.

Por eso los invito a todos a profundizar en más áreas del conocimiento que la suya propia, permitiendo que ciencias duras y blandas, puras y aplicadas, establezcan diálogos sensatos que enriquezcan a la humanidad, y nos salven de nuestras propias limitaciones.

Una última reflexión: Dado que reflejar lo más fielmente posible la realidad, favorece nuestra sobrevivencia; procuremos activamente ofrecer a la sociedad y a nosotros mismos, información veraz. Y hagámoslo entre otras razones, para hacernos más necesarios, y aumentar así –biológicamente– nuestras posibilidades de sobrevivir. Así como las de las instituciones que nos acogen.


Bibliografía

ERICKSON, MILTON H.; SYDNEY ROSEN, recop. y ed.: My voice will go with you: The teaching tales of Milton Erickson. Nueva York y Londres, W.W. Norton & Company, 1982.

GUERRA, FRANCISCO: Las medicinas marginales. Madrid, Alianza Ed. [El Libro de Bolsillo #632, sección Ciencia y Técnica], 1993.

LIPTON, BRUCE; ÁNGEL LLAMAS, prefacio: La Biología de la creencia. Madrid, Palmyra, 2007 –Libro fundamental, de no ser porque incurre en contradicción grave: Después de afirmar que sólo la información veraz sobre la realidad nos permite sobrevivir, termina defendiendo que la realidad (sin embargo) es menos importante que el producir una respuesta positiva en nosotros (¿una respuesta positiva pero errada o inadecuada, permitiría sobrevivir a una célula…?). Después de repasar varios trabajos suyos, finalmente comprendimos que el sesgo es ideológico, y que puede generar en sus lectores una mentalidad gnóstica de tipo radical (esto es: a favor, no de los valores, ideas y creencias mayoritarios de su sociedad, sino de su inversión/reversión sistemática)–.

–A seminal book, were it not for the fact that it contradicts itself in one fundamental issue: After stating that only information that faithfully reflects reality, enables our survival, he amazingly ends up defending that (…however…) reality is less important than obtaining a positive reaction to it (would a positive but wrong or inadequate reaction to reality, allow a cell to survive…?). After going through several works by this same author, we finally realized that the bias is ideological in origin, and may generate a radical gnostic mentality in his readers (that is: in favour of the systematic reversal/inversion of the values, ideas and beliefs held by the majority of society)–. – See more at: http://www.mediosmejoresqueganenmas.org/en/utiles-para/utiles-para-creadores/la-operacion-de-nuestro-cerebro-y-la-expresion-humana-implicaciones-para-la-literatura-los-medios-y-la-investigacion#sthash.CrUFRKGc.dpuf

HAHNEMANN, SAMUEL; JORGE C. TORRENT, trad. (de la edición inglesa de Dudgeon y Boericke): Organón de la medicinal [racional]. México, Ed. Porrúa, 1984

PINKER, STEVEN: How the mind works. Londres y Nueva York, W. W. Norton & Company, 1997.

PLATONOV, K.: La palabra como factor fisiológico y terapéutico. Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1958.

PROPP, VLADIMIR: Morfología del cuento maravilloso, 7ª ed. Madrid, Editorial Fundamentos [21], 1987.

WARREN. AUSTIN y RENE WELLEK: Teoría literaria. 4ª ed.; Madrid, Gredos, 1985 [Biblioteca Románica e Hispánica 2].

Fuente de la imagen: DreamsTime.com, by © Alekss

ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN

(DATOS BIBLIOGRÁFICOS/HEMEROGRÁFICOS/VIDEOGRÁFICOS DE LA FUENTE):

Blanca de Lizaur; “La operación de nuestro cerebro y la expresión humana. Implicaciones para la Literatura, los Medios y la Investigación”, en Cuartas Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Universidad de Alcalá [Humanidades]; Cristina Tejedor, Francisco José Pascual, Germán Ros, Antonio Guerrero, Jesús Aguado y Miguel Ángel Hidalgo, editores; Universidad de Alcalá (U.A.H.) [Obras Colectivas- Humanidades # 35]; págs. 491-499.

Actualmente disponible en (repositorio): http://www.mejoresmedios.org

1. Introduction

They say that Chesterton and his brother Cecil enjoyed such good and lively intellectual discussions, and they became so absorbed in them that they would stop in the middle of the street talking, and it could rain down on them or the sun might set, before they would quit their enjoyable and productive intellectual sword-fights.

People who ran into them in the street, went around them, since it was impossible to pass between or separate the two stout gentlemen, who on the other hand were very well-loved by all –even by their enemies–. At the end of the day, and after having taken care of the day’s tasks, some would return to ask how they had resolved the dilemma. Thus, in fact “the daily discussion” was beneficial to others too, …as long as they had been intelligent enough to carry on with their daily tasks meanwhile.

Regardless of one’s occupation, sooner or later we all come up against untouchable intellectual dogmas or pointless controversies or debates that –in spite of their unquestionable importance– exhaust and pit experts against one another, trapping them in dead-ends and preventing them from progressing with their work. If a few of them deal with them, that will suffice; the rest of us need to make sure the world keeps turning…

This might appear simple, but it is not. What should one do when one can see the solution to their research, lies beyond such obstacles? If we try to confront them, we will be swept up in controversies that –frequently– become weapons used by opposing political factions, closed off to any new perspectives or contributions…

Let me provide an example: Our lifestyle has caused us to flood the world with molecules that are not hormones, but the shape of which is so similar to hormones, that living creatures’ cells confuse them. And as you know, hormones delicately regulate our metabolisms, detonating actions that are fundamental to our survival (in very, very small and precise amounts…), so the confusion can lead to –and does lead us to– extremely serious side effects.

We could argue endlessly about the lawfulness and advisability of giving hormones to our livestock; about the social changes achieved through hormone based birth control, and their advisability; or about the adaptability, durability, beauty, efficiency and low cost of petroleum based products –all of these being disputes that, due to their caliber, concern all kinds of activists–.

But this does not change the fact that hormones for livestock, for human beings, and petroleum based products, have negative effects on the environment which must be dealt with immediately, when the passionate debates they engender are resolved.

Or in other words: How can we progress with our research, while the polemicists resolve the challenging issues they are dealing with?

Turning to other sciences and specializations that have shed light on the issues we are studying, in my experience, enriches us professionally, and resolves many of these issues with equanimity and elegance. And that is precisely what I have come here to share with you today: How, looking to Neuroscience (and several other sciences), has allowed me to circumnavigate the debates that hold philology hostage nowadays –my original area of study–, and to progress with my research, while the various political currents resolve their very respectable differences.

2. How our brains work

Regarding how our brains work, Steven Pinker, neuro-linguist and author of the magnificent collection on Computational Theory of Mind: How the Mind Works, defines intelligence as

∙ “rational thought” –following the innate rules for processing information, of cause and effect (innate since it has been possible to prove its use even in infants only a few weeks old)–

∙ “of a human kind” –brain matter of all animals is quite similar, especially in mammals, but produces different behaviours and information in each type, based on each species’ needs and characteristics: The spider is born with it pre-programmed to spin webs, and we with it pre-programmed for a series of tasks we need to survive, and which neuroscientists have inventoried with great effort over the years–,

∙ “truth obeying”…, such that –as biologist Bruce Lipton says (recently invited to speak at the Royal Society of London)– were we “programmed” to be born, grow, behave in a certain way, and die at pre-established intervals and pre-established places, we would be unable to survive, since we are immersed in an ever-changing environment, forcing us to confront circumstances almost impossible to predict. The cells have receptors in their external membranes to know when there is food or poison nearby –for example–; as well as to detonate the various reactions needed in every specific situation, so that they can survive. If the cell receptors cease to function (and this has been proven in laboratories), the cell dies –…because it became disconnected from its environment, because it ceased to recognize it for what it is (the way it is), and because this way it ceased to respond in a timely and appropriate way, as was needed at each particular moment–. In the same way, we need credible, truthful information about the world we are immersed in; and the more accurate this information is –the more “truth obeying” it is–, the more appropriate our responses to our environments will be, and the more feasible our survival.

And here we have dodged the first obstacle: The question of the “truth”, about which philosophers and philologists have argued for centuries, and about which they continue to argue to this day…

3. But as a result, another hurdle is coming our way, of no less importance: The Deconstructionism dominates the academic world today, stating that “we cannot know reality” –extrapolating Heisenberg’s Uncertainty Principle to other sciences (remember what happened to the cells that lost their receptors…?). What’s more, it also maintains that anything we know about reality is innately flawed, since “language is a construct created to exploit us, and distort and bias our thinking such that said-exploitation may continue”–.

What does Neuroscience have to say about this?

Through truly ingenious studies, and using magnetic resonance equipment and positron emission tomography allowing it to map brain activity from one moment to the next, it was able to show that our minds create the image we have of reality, using our perceptions –which are numerous, fragmented, and based on different points of view–, to bring them together in a single one –filling in missing information based on what we already have–.

That is: Truly, as Deconstructionism maintains, our image of reality is an intellectual construct, a mental fabrication…,

…but not one created for deceitful exploitation by a few individuals (in spite of how each of us unfortunately distorts it according to our wishes and needs)…,

…but instead produced:

by our inborn neuronal networks,

which react to this planet’s (not others’) circumstances (like the algorithms that allow us to decodify the colours comprising an image, in spite of varying degrees of luminosity/brightness and the particular characteristics of light that exist on Earth),

in order to resolve precisely those problems we might be confronted with here, for survival, like distinguishing faces, recognizing foods, and building tools and shelters useful on this planet –not others.

As Pinker says (citing another author): The masterwork of our mind is the image it gives us of reality –true–. Butwe would expand on this– the masterwork of this image, is our survival… –which means that the image really correlates with the environment we are immersed in–. The greater the degree of correlation, the more useful for life.

Ergo, also: The fact that we are in contact with reality, and that we interact with it to survive (or not); implies that it exists in-and-of itself, that it does not originate in us, and neither do we create it –make it exist– with our perceptions, expressions and articulations. We merely know it.

4. Our minds are composed of specific modules (Chomski calls them “mental organs”), each one born, either to respond to a particular type of problem we are likely to encounter in our species’ natural environment, or to collect information on specific subjects that might be useful to us (also in these circumstances). And each mental module, in turn, is composed of numerous sub-modules, and these in turn, of still more; which suggests a functional, organized, harmonic hierarchical organization of them, in order to achieve our objectives.

For example: We are born with a mental module that allows us, as infants, to acquire a human language by simple immersion.

Just as nightingales do not take classes to learn to sing, infants do not take classes to learn how to react to the verbal stimuli in their environments, but rather arrive “pre-programmed” for that. How…?

The infant’s brain provides him with a number of mental switches that he must activate one way or another, as he listens to other humans around him talk (is he/she hearing a tonal language, or not?, is it synthetic, or not?, are adjectives placed before or after nouns?, etc.).

And once the infant has activated them, a map of the language’s basic structures automatically forms in his/her mind… …After which the finishing touches are added:

(a) vocabulary acquisition, at such great speed it cannot be replicated again later; and

(b) the “final polish” on the language, learning the exceptions to each rule –exceptions no human being would have created, by the way, if he/she had decided to create a language, as the exploitation theory presupposes…–.

And just like that”: they learned their mother tongue this way…

Without our mental organs’ inborn pre-programming –of the modules and sub-modules specific to language–, it is impossible to explain or artificially replicate such an amazing achievement.

5. The existence of specific modules, with sub-modules, and sub-sub-modules…, brings another question to mind: Our brain operates in a coordinated, heirarchical and cooperative fashion: The modules operate “modularly” –if you’ll forgive the repetition–, distributing tasks amongst them; and substituting for each other when necessary, without the need to re-learn what the original ones learned how to distinguish.

For example: When we learn a word in a book, we do not memorize its photograph –its frozen image–, but rather the way it was formed (with specific lines). This later allows us to recognize it even if it is written using a different font, in a different colour, or on a different background, etc. Which shows that we do not process texts using the same algorithms (and brain modules) we use when processing other kinds of images.

If furthermore we were unable to write the word using one of our hands for some reason, we could write it using a foot, say it aloud, or sign it with our hands, without having to re-learn its meaning –we must only change the “exit module or channel”, but the rest of the information remains stored and available in the other brain modules, remaining in us with amazing persistence in memory–.

Not only this: The message travels from one neuron to the next in the brain, being translated again and again –that is, changing format: from electrical to chemical, from chemical to electrical…, etc.–. And although the form changes, the message remains the same. In terms of biology, this demonstrates the superiority of content over form, of the intention to communicate over the channel used for transmission, which has so tormented philosophers and philologists over the course of history, let alone since the emergence of electronic media, (Would “Othello” cease to be “Othello” if we transmit it via television, in an adapted version targeting a particular audience, for example…?); …and that today –in the midst of the Digital Revolution– acquires renewed importance.

Another question solved, thanks to Neuroscience.

6. Furthermore: The way our mental modules operate leaves an imprint, reproduces itself, in the theories we develop and the systems we use to process differing kinds of information. Thanks to this, in spite of our limited resources, we can carry out an endless number of tasks, and deal with an equally limitless number of messages.

That is: The mind’s modular operation explains why we use “discreet combinational systems” for almost everything –which means that with just a few sounds we can “make” many different words; and with a certain number of words, we can produce an infinite number of different phrases and speech; or that with a small series of numerical symbols (0,1,2,3,4,5,6,7,8,9), we can make an infinite series of numbers, and with them perform an equally infinite number of different calculations regarding different aspects of reality.

How? Through the codification of the meaning we give to each one, depending on where they are placed in a sequence –that is: establishing arbitrary but useful rules, which give a different meaning to each and every symbol (letter, number, word…), in a way that is both systematic and predictable for those familiar with them–. And notice that the mere fact of giving meaning to the placement of each letter, number, etc. implies a necessarily linear practice when reading, as well as “correct”, «legal» or “permitted” ways of reading, in the same way that a novel must be read in the same order as the pages of the book containing it.Were this otherwise, these few symbols would not provide us with an infinite array of possibilities. In addition: Our minds achieve all this, without losing the human ability to personalize concepts (and even interpret them) –without confusing them, but rather recognizing them as unique and different regardless of the number of associations existing among them–. This ability –and brain module– is crucial, by the way, for recognising the people we deal with (John Smith is not John Sanders), or the fruits, animals and plants that contribute to our survival… (the fact that we do not give a different name to every apple, does not alter the fact that every apple is different and unique…), to give a few examples.

Furthermore: The brain’s modular workings are recursive, just like our language and works. This means we can nest or lodge one phrase inside another, and this one in turn, inside another, and so on; and we can likewise lodge one task inside another more complicated one, and then a third even more complex one, always following –of course– certain rules so that anybody could figure out exactly what we mean… That is: Recursivity is what allows us to subordinate and coordinate sentences and other elements with one another.

This is reflected in the following way:

In that all knowledge that is acquired or developed by human intelligence – be it music, like using one’s voice, be it language, be it maths, etc., since each uses discreet combinational, recursive systems, that can be personalised–;

in the same way as all works of our intelligence –this explains everything from arithmetic to analytical and fractal geometry, on the one hand; as well as the use, on the other hand, of interchangeable modules in folktales, as Vládimir Propp noted –as well as in all of world literature (narrative motifs and formulas, recurring characters, etc.)–.

Allow me a few more specialized words, but which the philologists in the room will understand: syntagmatic (structural, grammatical) and paradigmatic (establishing categories, and types of categories) relationships, simply would not exist, …if there were no discreet combinatorial systems…

How then can contemporary literature disqualify or discredit popular works only because their action sequences are logical and linear, or push us to reach for absolute originality as our goal, when it is impossible to achieve in a discreet combinatorial system like the one which allows us to create and enjoy our narratives?As Wellek and Warren state in their Literary Theory: Absolute originality is impossible and indecipherable by definition.

…Yet another question we can pose thanks to Neuroscience.

7. Our minds store and process information –how beautiful!– in our imagination. The imagination is a mental chalkboard on which we represent and deal with reality, according to what has been shown using equipment able to monitor mental operations. And the symbols we use on our mental chalkboards, detonate voluntary and involuntary behaviours –like the hand we reflexively raise to wave away a fly–.

Medicine has confirmed that we can make a person ill using the imagination (ask Platonov, Pavlov’s disciple, the Behaviourists…, Milton Erickson or any other well known psychotherapist of the last one hundred and fifty years, or Hahenmann, the founder of Homeopathy!).

And it is also possible to use our imaginations to cure ourselves –“words can heal” is an old medical catchphrase associated with, among others, Dr. Hernando, Dr. Marañón, and Dr. Francisco Guerra, to name 3 important Spanish doctors (cfr.: Guerra). It is impossible –in keeping with good scientific practices, to ignore that the therapeutic effects of medicine are supported to a high degree by placebo (and negatively affected by nocebo) effects, which clearly shows that ideas can also impact our health (cfr. Bruce Lipton).

In addition: It has been proven that if we program computers so that they can learn “by example”, “by observation”, they become more efficient. …There is a reason why humanity has spent centuries producing stories that both entertain and teach us using parables, anecdotes or “exampla” –created specifically to serve as models of behaviour, and not necessarily to indoctrinate, based on our society’s and culture’s collected life experience …–.

How, then, is it possible that Literature reject its responsibility to train more efficient readers –experts without being indoctrinated–, or regarding the importance of creating and praising works of massive pro-social impact –positive from an Anthropological, not political, perspective; that is: fitting the dominant values, ideas and beliefs of a given society–?

Literature –amongst its many social functions– feeds our individual and collective “imaginaries” –fills our catalogues with possible actions, accompanied by their likely consequences, so that we can make decisions that are more sensible, ingenious and non-destructive in order to survive. Nothing less.

…It should also teach us to manage our emotions –which are so important for our survival, that we have a specific mental module to manage them–.

For these reasons, and several more, Anthropology teaches us that Literature is a fundamental social institution –present in all human societies, the mission of which it is to disseminate and emotionally justify and validate those behaviours that experience has shown favour our survival.

8. In addition, and of particular importance: We have a mental module Pinker calls “the cheater detector”.

We have already seen that the truth –the truest possible understanding of reality despite our limitations–, is fundamental for our survival. It makes sense then that we have a specific brain module to protect us from false, mistaken, dishonest, distorted information…

And because this module is inborn, over the course of history, authors, genres, Communications media and institutions that “lie through their teeth”, or that advocate agendas hostile to each society’s values, ideas and beliefs, have ultimately been spontaneously rejected by society. Society is a living body, and instinctively tends toward survival.

That is why human nature produced pedagogical stories to make us aware of the usefulness of truth and credibility, like “Peter and the Wolf” (in the Spanish folk tradition: A tale of a young shepherd who lies until villagers stop responding to his calls; the day the big bad wolf truly hit his flock, the shepherd cried for help, but nobody helped him).

Converging tautologies or redundancies, distortions, comparisons and confrontations with other information sources and with reality (“reality checks”), as well as “filters” (ideological, for example), comprise some of the mechanisms used by our “lie detector module” to defend us: Given that human communication is a multi-channeled phenomena (we make sense of information based not only on a person’s words, but also on the intonation of his/her voice, his/her way of expressing himself/herself, the context of the talk, etc.), the presence or absence of consistency and relevance are crucial.

Its efficiency stands out in situations in which defence is most challenging: When dealing with powerful individuals. Indoctrination is, in my experience as a scholar of both Literature and media, one of the mechanisms used for the falsification of reality that our brains reject, even though they may not always appear to react clearly and directly to it –openly opposing power conflicts with the mental module that works toward social homeostasis, or tribal and familiar cohesiveness, to give two examples…–.

So our minds take their time, but sooner or later, they manage to free themselves of the lies that have been imposed on them, and that make survival difficult or impossible, and they react against them –statistics regarding sales, consumption and credibility show that society’s self-defence is biologically pre-programmed–.

And this is inevitable, because the information we receive regarding reality is so abundant, and comes from so many channels, that although the liars work together to form a united front, and repeat their slogans ad nauseam, they cannot stop the information-that-they-don’t-control, from being far greater, or from repeatedly pillorying them.

So…: Deconstructionism is correct –but once again: only partially–; and we can state this having the support of various sciences, and without getting into partisan, abstruse, obscure arguments overflowing with confusing and awkward terminology.

9. Conclusions. Our society today is transitioning from a paradigm with a Rationalistic, Mechanistic, Materialistic, etc. mentality, to a new one.

Finally, after centuries of dogmatic and indisputable hegemony, we can admit that human reasoning is limited and fallible –that it can in no way be considered the sole measure of things–. That said, this does not invalidate its tremendous achievements or its great value.

The better we understand how the brain works, the better we will be able to protect ourselves from its pitfalls, overcome its limitations, and take advantage of its extraordinary powers.

And this demands, not only a greater understanding of Neuroscience –which as we have seen, has much to contribute to the Humanities–; but also a greater understanding of them, which our century has arrogantly and ingenuously postponed.

We are referring to Epistemology, Logic, Philosophy, and of course Philology, Linguistics and Literature, which are, not only necessary, but indispensable for our survival.

…But, esteemed colleagues, we need all of them as devoid of ideologies as possible,please. The cynical use of Neuroscience and the Humanities by political factions and ideologies, has caused society to lose faith in them. And we need to get them back, not only for our own survival, but because society needs them, too.

10. When a neuron establishes useful relationships with various other neurons and networks, human knowledge deepens and acquires relief, allowing us to eliminate distortions and irrelevant information, to make reasonable inferences based on ambiguous or incomplete data, and –by linking different combinations of data– produce intelligent generalizations.

…And also overcome obstacles like the convoluted discussions that hinder, due to their magnitude, the progress of knowledge –doing a great disservice to our sciences, and digging a grave for the institutions we belong to, and ourselves.

That is why I encourage all of you to deepen your understanding in areas other than your own particular field of study, allowing the hard and the soft, the theoretical and the applied sciences to establish sensible dialogues that enrich humankind, and save us from our own limitations.

One final reflection: Given that reflecting reality as truthfully as possible, favours our survival; let us actively work to provide society and ourselves, with truthful information. And let us do so amongst other reasons, to make ourselves more necessary, and thus biologically increase our chances for survival. …As well as the survival of the institutions that foster us.


BIBLIOGRAPHY:

ERICKSON, MILTON H.; SYDNEY ROSEN, comp. and ed.: My Voice Will go with You: The Teaching Tales of Milton Erickson. New York and Londres, W.W. Norton & Company, 1982.

GUERRA, FRANCISCO: Las medicinas marginales (Marginalized Medicine). Madrid, Alianza Ed. (publisher) [“El Libro de Bolsillo” (pocket edition) #632, Science and Technology], 1993.

LIPTON, BRUCE; ÁNGEL LLAMAS, preface: La Biología de la creencia (The Biology of Belief). Madrid, Palmyra, 2007 –A seminal book, were it not for the fact that it contradicts itself in one fundamental issue: After stating that only information that faithfully reflects reality, enables our survival, he amazingly ends up defending that (…however…) reality is less important than obtaining a positive reaction to it (would a positive but wrong or inadequate reaction to reality, allow a cell to survive…?). After going through several works by this same author, we finally realized that the bias is ideological in origin, and may generate a radical gnostic mentality in his readers (that is: in favour of the systematic reversal/inversion of the values, ideas and beliefs held by the majority of society)–.

HAHNEMANN, SAMUEL; JORGE C. TORRENT, trans. (from the English edition by Dudgeon and Boericke): Organón de la medicinal [racional] (Organon of Medicine [rational]). Mexico, Ed. Porrúa (publisher), 1984

PINKER, STEVEN: How the Mind Works. London and New York, W. W. Norton & Company, 1997.

PLATONOV, K.: La palabra como factor fisiológico y terapéutico (The Word as a Physiological and Therapeutic Factor). Moscow, “Ediciones en Lenguas Extranjeras” (Foreign Language Editions), 1958.

PROPP, VLADIMIR: Morfologa del cuento maravilloso (Morphology of the Folktale), 7th ed. Madrid, Editorial Fundamentos (publisher) [21], 1987.

WARREN. AUSTIN and RENE WELLEK: Teoría literaria (Literary Theory). 4th ed.; Madrid, Gredos (publisher), 1985 [“Biblioteca Románica e Hispánica 2” (Romance and Spanish Library 2)].

Image source: DreamsTime.com by © Alekss

ARTICLE ORIGINALLY PUBLISHED IN

(BIBLIOGRAPHICAL INFORMATION/NEWSPAPERS/VIDEOS):

Blanca de Lizaur; “La operación de nuestro cerebro y la expresión humana. Implicaciones para la Literatura, los Medios y la Investigación” (The way our brain works, and human expression. Implications for Literature, Media and Research), in Cuartas Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Universidad de Alcalá [Humanidades] (Fourth Conference of Young University of Alcala Researchers: Humanities);Cristina Tejedor, Francisco José Pascual, Germán Ros, Antonio Guerrero, Jesús Aguado y Miguel Ángel Hidalgo, eds.; UniversityofAlcala(U.A.H.) [Obras Colectivas (Collective Works)- Humanidades (Humanities) # 35]; pages 491-499.

Available at (repository): http://www.mejoresmedios.org

1 Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿...Humano? / ...Human? *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.